¿Dioses creadores o marionetas del Ego?

Falsas creencias

En esta oportunidad quiero compartirles un tema muy preocupante que circunda en el ámbito esotérico y espiritual, donde ha tomado una fuerza desorbitante. Consiste en la terrible realidad ilusoria que busca encarecidamente esparcirse como una epidemia de ritmo abominable. Su único objetivo es invadir todas las capas del espíritu para poder asirse sin piedad en las mentes y corazones de los más incautos, mientras estos se encuentran trabajando en la búsqueda del despertar de consciencia. Esto, con el único fin de servirle, como una banal presa, a la propia esencia del Ego Espiritual, que habita en cada ser humano.

En efecto, lastimosamente muchas personas han sucumbido a este asunto de manera directa, y otras, en su afán de grandeza y manipulación egocentrista, han podido implantar sus ideas en muchos otros a raíz de engaños y demás artilugios.

Me refiero a esa “verdad” donde muchos se autoproclaman, con seguridad absoluta, pero sin pruebas de ningún tipo, que son poderosos dioses y diosas, y algunos van más allá diciendo que son arcángeles reencarnados, lo que desde mi punto de vista no es más que una gran falta de respeto hacia la Providencia Divina.

Este término no lo hace corresponder a ninguna deidad, simplemente es una creencia sobre la cual este tipo de personas “rigen” su vida, y alinean el pensamiento, la palabra y la emoción para trabajar sus energías y “conectar” con la divinidad que habita en ellos por naturaleza, por medio de “prácticas” y conocimientos ocultos ilusorios, que “destraban” su divinidad, para convertirse en dioses creadores; simplemente se sienten superiores a todo lo que les rodea.

Comprendo muy bien que para muchos de ustedes este tema no es ajeno, pues de seguro se han topado con personas, escenarios y usuarios en las distintas redes sociales, entre otros, que pregonan sobre esto. En tal sentido, si deseas tener una visión clara y directa sobre esta falsa creencia, que muchos muestran como real, te invito a seguir leyendo.   

¿De dónde proviene esta creencia de creerse dioses y diosas?

El ser humano es una compleja unidad, cuyos engranajes son bastantes intrincados, en especial, cuando se trata de su integridad espiritual. Acá se vuelve clave la influencia que tiene el cuerpo mental (donde habita el tenebroso ego espiritual) en cada uno de los otros cuerpos vitales, pues este cuerpo es el que comanda todos los procesos de razonamientos, creencias y plasticidad intelectual, como visualizaciones que surgen en este plano físico y en los demás planos multidimensionales.

Es oportuno indicar que a raíz de los procesos encapsulados en la rueda del Samsara de cada ser, muchas personas se encuentran arrastrando cosas, experiencias y energías que los perjudican de muchas maneras. Aunque también traen consigo elementos positivos, indubitablemente se encuentra repitiendo el ciclo nefasto de aquello que llena de obstáculos su sendero del despertar de consciencia.

Una persona con estas creencias se encuentra tan subordinada a los efectos esotéricos, espirituales, emocionales y teóricos del cuerpo mental que es incapaz de reconocer sus errores. Ni siquiera teniendo frente a sus ojos al Padre y a la Madre cósmicos divinos, o algún elemento real de la propia fuente creadora, dejaría de ser prepotente, orgulloso, y seguiría sosteniendo sin piedad su verdad ilusoria. Claro que, además de estos efectos, es importante tener en cuenta otros estados propios de la parte psicológica y anímica, que son coparticipes de esta causa, y algunos tienen relación con trastornos clínicos psicoemocionales.

¿Cuáles de estos trastornos psicoemocionales son característicos de este tipo de personas?

Los trastornos psicoemocionales afectan sustancialmente la capacidad que tienen las personas para manejarse en su vida cotidiana. En términos clínicos, aquellos que se autoproclaman dioses poseen dificultades de pensamiento, sentimientos y problemas en su conducta funcional, en las relaciones personales, entre otros. Todo esto realza una serie de complejos que detallaré a continuación.

Complejo del Mesías

Existe un trastorno llamado el complejo de Mesías, que describe un estado psicológico donde la persona cree ser un instrumento de la divinidad de las altas jerarquías y, por ende, está destinado a ser un salvador espiritual de un grupo particular de personas o de la humanidad.

Este estado psicológico perfila al individuo como un ser glorioso que posee absoluta confianza en sus capacidades espirituales y esotéricas (cuando muchas de estas son incluso proyecciones de su imaginación). Se le asocia con la esquizofrenia, debido a esto es común que la persona suela decir que se comunica con seres divinos, con Dios directamente, que le hablan o que canaliza seres como espíritus, ángeles, demonios, energías del bajo astral, entre otros, lo cual confirmaría su estatus de mesías.

Complejo de Dios

Por otro lado, también existe otro tipo de trastorno muy similar al anterior, que se denomina complejo de Dios. En este caso, el individuo asegura tener los privilegios, como habilidades personales infalibles de Dios. Esto significa que es una persona que jamás admitirá la posibilidad de cometer un error, incluso frente a problemas complejos o tareas difíciles o imposibles; además, puede considerar sus opiniones personales como incuestionablemente correctas.

Claramente estos trastornos se relacionan con una personalidad narcisista, pues lo único que defiende es su “sabio” orgullo, la necesidad de admiración y la carencia de empatía.

Aunque estos no son términos médicos, y por tal motivo no están incluidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, su asociación clínica es bastante puntual, y deja entrever la relación directa con otros trastornos que sí se incluyen, como:

Trastorno narcisista de la personalidad

Entiéndase que este que no es lo mismo que los complejos anteriores, pero sí se correlacionan fuertemente. En este caso, de manera breve, se proporciona una situación donde la persona demuestra una perspectiva desmedida de sí mismo. Prácticamente su vida gira a lo grandioso que es en todo sentido y nivel, esto remarca la absoluta falta de empatía hacia los demás.

Este tipo de personas reaccionan muy mal frente a situaciones emocionales, porque se enfurecen fácilmente debido a que no saben afrontar las críticas que puedan recibir, en especial, cuando otros se percatan que está buscando aprovecharse constantemente de las personas a su alrededor.

Cabe resaltar que muchos psicoanalistas opinan, y también desde mi perspectiva esotérica y espiritual lo percibo así, que en realidad este tipo de personas posee una autoestima muy frágil, lo que hace que esta se base en la aprobación y la atención de los demás. Esta sensibilidad podría ser lo que los impulse a comportarse de manera insensible, porque cuando se sienten amenazados o marginados pueden arremeter. También puede ser difícil para las personas reconocer que tienen complejos de dioses, y podrían interpretar tales sugerencias como críticas diseñadas para socavarles, en lugar de ayudarles.

Megalomanía (trastorno bipolar psicótico)

Esta es una condición psicológica muy peligrosa, que se incluye en el propio trastorno narcisista de la personalidad. Prácticamente, la persona desprecia de manera exacerbada a todo aquel ser humano que se encuentre en su entorno. Experimentan constantemente fantasías de poder, como omnipotencia, lo que genera que se vea como la “piedra filosofal” en todo aspecto de la vida.

Este tipo de personas creen que son los únicos capacitados para guiar en cómo salvar su entorno y a otros. Tienen un concepto de sí mismo desproporcionado, y ansían la valoración social mediante la atribución al logro de posiciones de poder y relevancia. Se niegan constantemente a reconocer que en su interior alberga una persona miedosa, acomplejada y carente de cariño, debido a esto, cuando siente algún tipo de amenaza hacia su ego, utilizan la agresión verbal o la imposición de su falsa omnipotencia como mecanismo de defensa.

En definitiva, una marcada diferencia entre ambos es que los narcisistas se encuentran asociados con la búsqueda de sentimientos que eleven su autoestima de forma excesiva, mientras que los megalómanos se hayan más ansiosos por la supremacía.

Entonces, ¿qué relación advierten estos trastornos en lo espiritual?

La gran proclamación que deambula en la boca de aquellos seres que arrastran el alma (o lo que les queda de ella), que certifican que son creadores y cocreadores divinos, no es más que una barbarie exponencial letrada, pues bien somos creadores de vida en términos biológicos, pero eso no nos hace ser dioses, tampoco lo somos en un sentido moral, cuando buscamos incansablemente el beneficio colectivo mientras “despertamos a otros”.

Míseramente se confunde aquel mar de posibilidades infinitas que existe en nosotros, pensando que eso somos porque lo hemos “creado”, cuando en realidad la chispa interna divina de Dios es la que ha hecho que seamos lo que siempre hemos sido hasta el día de hoy. Pero, si no se trabaja con esfuerzo, disciplina y mucha constancia, haciendo trabajos de autoobservación, aniquilando el ego espiritual, y todos sus yoes negativos, y trabajando en generar dharma limpio y desde el corazón, nunca se alcanzará por completo ese potencial que espera pacientemente dentro de cada uno.

No seas como la diosa griega Hybris

A continuación, les comparto un extracto de González-García, con el cual podrán conectar a mayor profundidad lo explicado anteriormente, para así poder entender por qué estas personas repiten una y otra vez estos delirios de grandeza absoluta.

El término ‘hubris’ o ‘hybris’ (ὕβρις, hýbris) es un concepto griego que significa ‘desmesura’. Es lo opuesto a la sobriedad, a la moderación. Alude al ego desmedido, a la sensación de omnipotencia, al deseo de transgredir los límites que los dioses inmortales impusieron al hombre frágil y mortal. En la mitología griega se aplicaba a los que víctimas de su propia soberbia se creían y actuaban como dioses. Es, en definitiva, un intento de romper el equilibrio entre los dioses, la naturaleza y el hombre. Y lleva implícito el desprecio hacia el espacio de los demás, lo que los lleva a realizar actos crueles contra ellos (1).

Es un concepto muy relacionado con el de las Moiras, los tres seres mitológicos que enhebraban, medían y cortaban el hilo de la vida. El enfermo de ‘hubris’ se cree con derecho a más hilo del que le fue asignado, y se rebela contra su propio destino. En la actualidad, se utiliza como sinónimo de soberbia, arrogancia o prepotencia (1).

Némesis (conocida también como Ramnusia) en la mitología griega era la diosa de la justicia, del equilibrio y de la mesura. Castigaba los actos de soberbia y devolvía al enfermo de ‘hubris’ a los límites que había cruzado, restaurando el equilibrio de la naturaleza. El sol derritió la cera de las alas de Ícaro que, por querer volar demasiado alto (‘hubris’), cayó al mar y desapareció para siempre (1).

El Señor que confunde los idiomas de la tierra es la Némesis del pueblo orgulloso que pretende construir una torre que llegue hasta el cielo

(Génesis 11: 1-9)

Para finalizar, les dejo un extracto del libro la revolución de la dialéctica: métodos prácticos para la intensa transformación espiritual, del V.M. Samael Aun Weor, que dice sobre el hombre que se cree un dios:

Hay hombres, mequetrefes, que se sienten como un DIOS, esta clase de individuos son mitómanos de la peor clase, del peor gusto. El que se siente sabio porque tiene algunos conocimientos seudoesotéricos en su mente, y piensa que es un Gran Iniciado, ha caído en la mitomanía, está lleno de sí mismo (2).

Cada uno de nosotros no es más que un vil gusano del lodo de la tierra; cuando hablo así empiezo por mí. Estar llenos de sí mismos, tener falsas imágenes de sí mismos, fantasías de sí mismos es estar en niveles inferiores del Ser (2).

Uno se identifica consigo mismo pensando que va a tener mucho dinero, un lindo automóvil último modelo o que la novia lo quiere, que es un gran señor o que es un sabio. Hay muchas formas de identificarse con uno mismo. Uno tiene que empezar por NO identificarse consigo mismo, y después, no identificarse con las cosas afuera (2).

Para esos pobres seres, que ni embrión de alma tienen, y que cometen este sacrilegio, les calza muy bien la frase de Nicolás Maquiavelo: “El fin justifica los medios”. Sus acciones karmáticas le seguirán dando el veneno que tanto desean ingerir desde el goce tenebroso de su ego espiritual. Ojalá se ahogasen en la profunda oscuridad de su ser, sin tener esa necedad de llevarse a otros. ¡Despierten!

1 González-García J. Síndrome de «hubris» en neurocirugía. Rev Neurol. 2019;68:346-53.

2 Samael Aun Weor. La revolución de la dialéctica: métodos prácticos para la intensa transformación espiritual. Publicaciones LDS. 2010.

Publicado por Constelación Universal

Canalizador

2 comentarios sobre “¿Dioses creadores o marionetas del Ego?

  1. Uff poderoso y necesario este post, les agradezco a mis queridos amigos de constelacion universal por buscar ayudar y dar luz sobre un tema que lastimosamente es pan de cada dia en la escena espiritual, llevandose consigo a muchas almas incautas e inocentes en su mayoria, es terrible lo que este tipo de gentes ha generado y lo peor es que no solo se condenan a si mismos si no que arrastran un montonerio de personas a sus espaldas, creen haber concebido la ultima verdad sobre el ultimo gran misterio, mas se equivocan terriblemente, no se dan cuenta que en verdad estan sumidos en un profundo y terrible laberinto que dia a dia hace que se alejen mas de la verdadera senda del camino, gracias por compartir y escudriñar de formas tan precisas y quirurgicas sobre este fenomeno tan contingente para el bien de las personas!!.

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    1. Paz inverencial amigo Alonso.

      Agradezco mucho tu comentario. Para Constelación Universal es de total agrado saber que este artículo manifiesta este tipo de energía. De igual manera, que su mensaje es claro como contundente y permite así, a quien lo lea, entender de forma muy específica esos detalles que envuelven a este tipo de personajes.

      Bendiciones infinitas para ti y los tuyos amigo.

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